Lo primero es presentarnos. Somos Claudia Aspée y Constanza Tomicic, ambas de 31, y aunque fuimos compañeras de curso en el colegio, nuestra amistad empezó muchos años después cuando, por esas cosas de la vida, nuestros grupos de amigos se unieron. Quien les habla tras la voz de Diógenes es la Guli, ingeniera comercial de profesión, pero víctima de una mente creativa incesante y parlanchina. Por su parte, quien hace que ustedes vean todo lo que la Guli habla, es la Cuti, la real mano diseñadora detrás de Diógenes Papelería, la que agarra las ideas y las trae al mundo real/tangible. Tenemos sobrenombres bien pindis, pero en realidad no lo somos.

 

 

Contar cómo comenzó esto y resumir lo que es, se nos complicó harto más de lo que pensábamos, porque finalmente nuestro proyecto envuelve todo lo que nosotras somos. Ambas, con personalidades bien diferentes pero gustos e inquietudes muy parecidos, nos preguntábamos: ¿Cómo no va a ser posible que uno pueda vivir de hacer las cosas que le gustan? Y como no pudimos convencernos de que la vida fuera tan ingrata, decidimos intentarlo, dando inicio a una de las etapas más desafiantes de nuestras vidas. ¿Qué es lo mejor que tenemos nosotras para ofrecerle al resto? Definirlo y darle forma nunca es fácil, así que para facilitarnos el proceso, creamos e invitamos a participar a Diógenes y Lola, nuestros tan queridos alter egos.

Ellos, “los viejos”, hacen todo lo que nos gusta o nos gustaría hacer a nosotras, ya superaron la etapa en que uno se preocupa de lo que vaya a pensar el resto y van por la vida pensando en que basta con que los haga felices a ellos y confiando en que si lo quieren, lo pueden (y que vengan a decirles que no). Así, emprenden, aprenden, comparten lo aprendido, viajan, crean y se dejan sorprender. En el fondo, lo que quieren, es permitirse soñar, porque la vida es corta y pasa rápido.

Diógenes y Lola. Esas somos nosotras. Y en el fondo tú también lo eres…
Quieres saber más de ellos? Sigue leyendo entonces…

Diógenes y Lola

La historia dice más o menos así:

Diógenes, un viejo amante de los objetos, se dedicó la vida entera a acumular recuerdos y llegado el día de su jubilación, se da cuenta de que no puede vivir el resto de sus días inmerso en ese gran caos que él mismo creó. Frente a esto, empieza entonces, con la ayuda de su adorada Lola, su compañera de vida, un proceso de orden, un recorrido por su historia y su memoria, un descubrimiento de archivos olvidados, y es en este ejercicio donde se da cuenta de que su problema no tiene nada que ver con la acumulación de objetos sin sentido, sino que lo que realmente lo aqueja se llama melancolía. Un acumulador es, en el fondo, un melancólico, una persona que no quiere olvidar y tras este descubrimiento, Diógenes  y Lola se proponen defender la idea de que el acto de guardar puede tener un gran sentido, siempre que se haga de manera ordenada.

Para esto, crean Diógenes Papelería, su marca propia, una invitación a volver al romanticismo del papel, un espacio donde juntos puedan crear desde lo más profundo de sus sentimientos, una vitrina para que Diógenes al fin pueda escribir y Lola felizmente pueda diseñar. ¿Escribir y diseñar qué? Historias y productos que te inspiren y te ayuden a seguir tus sueños y a conservar tus recuerdos.

 

“Somos nuestros recuerdos y por lo mismo, tenemos que defenderlos. No dejemos que el descuido nos quite esos momentos que nos determinan“