Todo este tema se remonta a cuando somos muy muy chicos. 
En mi caso, crecí haciendo deporte, mucho, desde chica me fui de piquero al agua. Era tanto, que nunca fue un tema lo que comía, todos los días llegaba de entrenar a las 9 PM y mi mamá me servía un gran plato de lentejas o tallarines con salsa, el cual yo me comía desaforadamente y me paraba para repetirme. Así me hice #WenaPalDiente, jamás conté una caloría. 

El problema vino cuando entré a la universidad, dejé de entrenar y mis rutinas cambiaron por otras mucho más sedentarias y, por qué no decirlo, alco-hólicas. Ahí empecé un pleito con la pesa que duró alrededor de 10 años, porque como siempre digo, a mí me gusta comer #YQuéTantaHueá, pero como comía mucho más de lo que gastaba, fui engordando rápidamente. Además comía hueás, pa qué les voy a mentir. Como es lógico, yo no quería engordar, entonces empecé a reprimir mis ganas de comer haciendo dietas, y mientras más dietas hacía, más ansiedad me daba, más comía y finalmente, más me crecían los cachetes. Pucha oh po! 
Comer con culpa es un hábito nefasto que tenemos que eliminar y mi manera de empezar a desterrarlo, fue yéndome de viaje, abandonando todos los hábitos que tenía hasta ese momento, hábitos que me tenían cansada. Fue en este viaje que les he contado en el #BlogDeDiógenes, en que, en un intento por comer bien y sin gastar tanto, dejé de comer carne. Nunca fue mi intención ser vegetariana, pero bastó con que yo no comiera carne (o lo hiciera muy escasamente) por 4 meses, para que me diera cuenta de los efectos positivos que esto tuvo esto en mis pensamientos, en mi digestión, en mi energía, en mi sensación corporal y en mi vida en general. No quise volver a comerla. Desde ese momento me hice consciente del efecto mental que me produce lo que como y me propuse que “ya que voy a comer mucho”, voy a intentar entregarle a mi cuerpo cosas que le sirvan y le hagan bien, y de eso al día de hoy, mi salud y mi estado físico han ido mejorando radicalmente y, de manera natural, fui bajando hasta llegar a mi peso normal.
No creo que haya una fórmula exacta, pero sí estoy convencida de que nuestros hábitos determinan nuestro “largo plazo” y que si nos proponemos crearnos hábitos saludables, a la larga tenderemos a una vida saludable. No tiene por qué ser radical, se puede partir por hacer pequeños cambios, no es que yo ahora sea una gurú del tema ni nada, obviamente igual me como mis helados con brownie y manjar, las pizzas de vez en cuando y las piscolas que nunca pueden faltar, pero al menos mi táctica se ha enfocado en asumir que si quiero comer mucho, no puedo dejar de moverme y en lograr hacerme una base de alimentos sanos, para que cuando vengan estos bajones, mi cuerpo ya tenga lo que requiere para defenderse.
Crearnos hábitos alimenticios saludables, qué importante es! Este Diógenes y esta Lola han trabajado en eso durante estos últimos años y este es el mensaje que queremos entregar: para gustarse hay que cuidarse (y al revés también). Se viene algo que quisimos hacer desde que partimos en esto, espérense nomás! 😍 Aquí empieza: La Cocina de Lola