Fuimos a Londres en verano, empezaba la segunda quincena de agosto y, francamente, nos cagamos de frío. Creo que mi problema real fue que no andaba con suficiente abrigo para mi nivel de friolentismo, pero para nuestra suerte (y la de nuestro bolsillo), el metro eran tan caro, que nos vimos obligadas a capear el frío caminando.
Esa es la gracia de viajar con tiempo, puedes darte el gusto de andar a tu ritmo sin tener que ir matando pendientes de una lista en contra del reloj. Conoces nomás, lo que venga, lo que aparezca.


Eso fue lo más soleado que vimos el cielo de Londres y esa estación era cerca de nuestra casa.

En Londres fue todo muy improvisado, entrábamos recién a la tercera semana de nuestro viaje y el cansancio ya se sentía, el ímpetu de los primeros días ya no era el mismo. Además, alojamos en la casa de Calman, un húngaro viviendo en Inglaterra, que con toda su hospitalidad nos prestó la alfombra de su living para que durmiéramos, invitación que nosotras, felices [y ratonas], aceptamos, así que tampoco es que hayamos tenido el mejor dormir.
Calman vivía como en la parte comercial de la ciudad, como vivir ahí frente al Parque Araucano o algo así, pero en Londres, y esta zona estaba bien lejos de cualquier atractivo, turístico o no, así que nuestros días los pasamos, básicamente, caminando.
El juego era así: salíamos de la casa, mirábamos el cielo gris lleno de nubes y buscábamos el huequito que tuviera sol: “hacia allá vamos”. Le pusimos “La Esperanza” y fue en su búsqueda que recorrimos una gran porción de esta ciudad, pero quisiera decirles que no se dejen engañar por unos rayitos de sol, a Londres hay que llevar abrigo.


Frío y gris, pero así y todo, se rajó con un arcoiris 🌈.

El primer día fuimos directo al London Bridge, no por ningún fanatismo en particular, sino que era lo que nos quedaba más próximo. Llegamos, lo vimos, “mira qué lindo” y nos fuimos. Así mismo, vimos las otras atracciones típicas, el Big Ben, el London Eye (que de noche está prendido de neón, cero glamour) y el peor de todos, el Buckinham Palace. Podrán encontrarme muy ignorante, pero es que yo no logro entender la realeza, ni menos la ridiculez de esos soldaditos con traje rojo y gorros peludos. Debo confesar entonces, que las joyas turísticas de Londres no me provocaron nada, en realidad, yo iba por otras cosas. Como buen Diógenes que soy, me llamaban las ferias de antigüedades, los mercados de ropa usada y de comidas variadas, su cultura musical y su lado bohemio, aunque andábamos tan cansadas, que lo que menos hicimos fue carretear. Nos dedicamos a dormir siestas en sus parques, a caminar sus barrios perdidos, a visitar sus cafecitos, y a admirar su arquitectura y su idiosincrasia tan correcta.


Barrio "Angel", denomidado así por mí y más recomendado que nada.

Uno de los barrios que más recuerdo, porque fue de lo que más me gustó, fue el barrio “Angel”. En verdad tampoco sé si es conocido así (ni siquiera sé si es conocido), pero en el mapa (y déjenme decirles que el mapa que recogí en el metro Londres es lo más perfecto/exacto que he visto, impresionante y muy útil para caminantes), había un punto con ese nombre por ahí bien cerca y bastó eso para que yo le pusiera “Barrio Angel” en mi bitácora. Hoy día quiero recomendar ese lugar y no sé cómo se llama, la zorra, pero hay una forma muy fácil de reconocerlo en el mapa: está lleno de canales. Calles y canales, casas y botes, adoquines y agua. Lo amé y creo que si son de los que les gusta perderse, lo amarían también.


Que levante la mano al que le gustaría vivir en un bote ☝.


Fue aquí que conocimos a Jim, el dueño de un café-bote que deambulaba por el barrio con ganas de compartir y conversar. Era su casa, pero de día él se dedicaba a pasear por las aguas del barrio ofreciendo calor y compañía. Existe algo más fantástico que poder trasladarte en tu propia casa? Lo encuentro hermoso y por eso me quedó tan grabado.


Otra cosa que me acuerdo, porque me llamó la atención, fueron los letreros que había en la ciudad. Ahí te das cuenta de la importancia de un buen lenguaje como parte de la cultura. De hecho, me acuerdo de dos en particular, los dos en parques. El primero, fue en un parque pequeño donde tuvimos que parar porque se puso a llover, se lamaba London Fields y tenía unos árboles de copas bien grandes que nos cobijaron por haaarto rato. De hecho, fue tanto, que terminé analizando los carteles po. Había uno al frente mío que decía: “Esta es una zona residencial, por favor, respete la tranquilidad de los vecinos”, y yo pensaba: en Chile eso diría “SILENCIO”. Qué distinto es que en vez de darte una orden, te expliquen y que te hagan empatizar, cierto?


Una agotada en Mile End Park.

El otro cartel que me acuerdo, tuvo un impacto en lo personal, y creo que nunca me había pasado algo así con un cartel de la calle jajaja... Resulta que íbamos caminando por un parque largo, que atravesaba varios barrios desconocidos (Mile End Park) y yo estaba en mi mañana de máxima debilidad, como les dije, el cansancio del viaje ya se manifestaba. Estaba a uno por hora y mientras mis compañeras decidieron subirse a unos juegos a los que no me daba la pila para subirme, me fui a leer el cartel más próximo, el cual explicaba los beneficios que trae para la salud el acto de caminar.
Me acuerdo que me dije: “cómo un acto tan simple puede ser tan beneficioso? Hay que sacarle provecho a esto”. Y desde ese día no he parado de caminar, consciente y empeñada en ayudar a mi cuerpo y a mi mente cada vez que lo hago. En ese momento, para una Diógenes con varios kilitos demás, leer y enterarse de que cuando uno camina harto, sigue quemando calorías incluso cuando ya dejó de caminar, fue súper estimulante y fue lo que primero me llamó, pero con el tiempo, he ido descubriendo otros beneficios incluso mejores, que me convirtieron un poco adicta, ya saben ustedes cuánto amo mis caminatas diarias.


Detalles que 😍.


En fin, a lo que voy es que eso es lo que debería pasar en todas partes, que las municipalidades, (o quien sea responsable de acuerdo al caso), pongan sus esfuerzos en informar y estimular a las personas, porque así la gente crece, y cuando la gente crece, qué pasa? El país crece. En ese orden, pero antes de ponerme política y seguir yéndome por las ramas, les dejo aquí (además de mis reflexiones sobres los carteles) mis recomendaciones londinenses, espero que les sirvan:

  1. Londres es una ciudad enorme, de hecho, dentro de las capitales que conocí en Europa, fue la que más me recordó a Santiago en cuanto a distancias, estuve 6 días y me quedé evidentemente corta de tiempo. Si bien mi recomendación siempre será caminar las ciudades, porque no creo que exista mejor forma de conocerlas, creo que en este caso lo más conveniente sería comprar de esos pases para varios días en el metro (porque comprar un boleto individual te cuesta un ojo y un riñón), y usarlos estratégicamente. Por ejemplo, ir de una al punto más lejano que quieres conocer ese día y luego desde ahí, empezar el retorno a pie. Yo no lo hice, pero por lo mismo, sentí que no pude explorar todo lo que habría querido.

    A Londres hay que ir a perderse 🌿
  1. La cantidad de parques grandes y hermosos que hay en esta ciudad fue, para mí, una de las razones que más me enamoraron. Durante mis días aquí, pude conocer el Mile End Park, Victoria Park, London Fields, Green Park y cómo no, el más famoso de todos, Hyde Park. Hay caleeeta, algunos grandes (muy) y otros más “de barrio”, pero todos con algo en común: muy bien mantenidos y muy bien utilizados por la gente. Los parques son un buen lugar para entender un poco más la idiosincrasia de una sociedad, ahora, si aprovecha la visita para tomarse una cerveza, almorzar, dormir o lo que sea que quiera hacer, siempre será bien visto.
    La tranquilidad en el Hyde Park.
  1. Si hay algo en lo que se luce Londres, es en ferias y mercados. Hay miles y para todos los gustos, antigüedades, ropa, comida, cosas finolis, otras no tan finolis, y una larga fila de etcéteras. Como aquí cada uno tiene sus gustos personales, me cuesta recomendar una, pero sí quisiera decirles que se informen. Que busquen qué ferias existen y cuándo son, porque así planifican sus días en base a eso, seguro pilla más de una que le interese.

Eso por hoy, queridos lectores! No podría decir que fue uno de mis destinos favoritos, pero no hay duda de que vale 100% la pena conocerla y recorrerla. Espero que si están planeando un viaje a Londres pronto, les sirva mi experiencia y disfruten de esta ciudad tan rara/especial jaja…

29 julio, 2019 — Claudia Aspée

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