¿Que cómo terminamos uniéndonos a un equipo de eslovenos y yéndonos a navegar por la costa croata por 3 días? Fue después de un laaaargo día.

Nos dieron uniforme y todo, qué te creí...

Para partir por el principio, debo asumir que todo sucedió gracias a que llegamos hasta Zadar, una ciudad en la costa de Croacia, bien bonita, qué querís que te diga. Está llena de playas con piedras y muchas casas con fachadas llenas de flores. Aquí alcanzamos a pasar solamente una tarde, caminamos por un camino que bordeaba el mar y sacamos varias fotos a los viejos que tomaban sol o jugaban ajedrez en la playa. Lo pasamos bien y vimos el “Organ Sea” (que si googlean Zadar les aparecerá al tiro).


Zadar, lindas playas, frías aguas...

En Zadar ofrecen muchos paseos a diferentes parques nacionales o islas que hay por ahí, está lleno de islitas. No soy capaz de recordar por qué, pero de todas las opciones que había, nosotras elegimos ir a una llamada Sali.

Al día siguiente nos levantamos temprano, dejamos nuestras mochilas en la recepción del hostal, (porque a la vuelta nos íbamos) y nos fuimos caminando hasta el puertito donde salía el ferry, no sin antes pasar a comprar cervezas para el día.

Atardecer en Zadar cuando nada hacía presagiar...

El camino en ferry era bonito, mucho mar tranquilo rodeado de verde tupido y casas de veraneo muy finas y elegantes. Aquí no puedo saltarme hasta la parte en que llegamos porque necesito dar un antecedente importante para la historia: durante el viaje en ferry, a la Ceci le rodaron las cervezas por la banca donde íbamos sentadas y se le cayeron al suelo y se quebraron. Por si fuera poco, tuvo que, toda humillada, limpiar con su toalla la cagadita que dejó. Cosas que pasan.

De las primeras vistas que tuvimos en Sali.

Ahora sí, llegamos a Sali y encontramos en el mapa una mancha azul, así que decidimos ir en su búsqueda, queremos nuestra propia playa. La Ceci está enojada. Le digo que filo, que podemos compartir las mías. Igual está mal genio. Camina rápido y se va lejos, se para a tomar fotos y cuando yo, que voy más atrás, la alcanzo, vuelve a la marcha. Ley del hielo. El sol está arriba nuestro, hace calor, me cae la gota. Yo entiendo el mal genio cuando pasan accidentes así de estúpidos, pero igual no me gusta que me hagan la ley del hielo, menos cuando somos dos, así que como soy picota, en una de las veces en que la alcanzo, le digo que lleve un rato ella las cervezas que ahora son de las dos. Se pone más mal genio. Ahora sí que va rajada, veo un punto lejos. No hay nadie más que nosotras dos caminando por un camino largo y que quizá a dónde nos lleve. El sol aterriza en mi frente. “No le pienso seguir el ritmo, enojona”, pienso mientras sigo caminando con fe. Hay mucho verde, en todas partes verde, y azul también, mis dos colores. Además, esta isla huele a marihuana, rico.

Paseito a pata por Sali.

Mucho verde...

Y mucho azul 💙

Después de unas 4 horas de caminata a pleno sol, encontramos la laguna y la rodeamos. Encontramos una planicie que califica para ser nuestra playa. Listo, estamos cansadas. Silencio y contemplación, tenemos toda la tarde, a las 9 PM sale nuestro ferry de vuelta a Zadar. Más allá hay unos vecinos en un muelle, pero no invaden en nada, es un lugar tranquilo. Por fin tomamos las cervezas de la discordia y volvemos a ser amigas. Nos tiramos un chapuzón al lago y nadamos un poco. Tenemos una playa en Croacia. Brindamos. Ahora que somos amigas de nuevo, decidimos que a la vuelta hacemos dedo porque nicagando caminamos todo eso de vuelta. Nos resulta el plan, los vecinos fueron también nuestra salvación.

Mis pies felices reposando en su playa privada.

Playita personal, la cerveza y los vecinos.

Volvemos a la civilización y hay que hacer hora para esperar al ferry, así que tomamos un café en un localcito y después vamos a sentarnos a orillas del mar a esperar que llegue. Al frente nuestro, un grupo de hombres que hablan un idioma que no entiendo, está carreteando y tomando unos copetes. Nos miran y nosotras decimos “hello”. Se nos acerca el doble oficial de Owen Wilson y uno de sus amigos, y nos meten conversa. Nos cuentan que son de Slovenia, que vinieron aquí con un grupo de 15 o 20 veleros a participar en un regata que parte al día siguiente, un paseo por 3 días con los amigos. Les contamos que somos de Chile, que andamos viajando las dos hace un par de meses, que nos estamos quedando en Zadar y que vinimos a Sali por el día. No pueden creer que seamos de Chile, nos dicen que tenemos que ir a la regata con ellos, que cuándo en la vida dos chilenas se van a encontrar con unos eslovenos que las invitan a navegar, que si no vamos nos vamos a arrepentir. Nos prometen una cama en su bote, y comida, alcohol y mar por tres días. No se nos ocurre qué excusa mala dar para decir que no, así que decimos que sí. Llamamos al hostal donde están nuestras mochilas para pedirle al chiquillo buena onda que nos las guarde por tres días más y accede. Listo, nos vamos con lo puesto a navegar por Croacia.

Nuestro equipo. Al fondo con gorrito, el capitán 🙏 (gracias capi por devolvernos con vida a la tierra).

Pa qué voy a decir que anduvimos como reinas, si en realidad dormimos 3 noches apretujadas y con la misma y única ropa que teníamos, sin ducharnos y con una dieta a base de embutidos, pero a la promesa de alcohol, vistas y entretención, le pongo un 7.

Atardecer Croata 😍

Primer día de regata y la regata no parte porque no hay viento, así que entre todos los veleros se ponen de acuerdo para pasear e ir parando y reuniéndonos cada cierto rato en la mitad del mar para tirarnos chapuzones. El promedio de edad de los asistentes a la regata es de 60 años y el diámetro de la guata de sandía de unos 60 centímetros. Hay 4 tipos de una edad más o menos parecida a la nuestra, 3 en nuestro bote y 1 en otro. Mino. Somos la atracción turística del paseo, todos nos invitan a sus barquitos para saber algo de nosotras, somos las invitadas estelares de “Atos”, nuestra bella embarcación.

Recién llegados a Murter para pasar la primera noche.

Al poco andar nos damos cuenta de que ninguno de nuestros compañeros sabe mucho de navegar ni de regatas, salvo el puro capitán que anda con su mapita y trata de explicarnos sobre coordenadas y brújulas mientras nosotras nos sumimos en una borrachera/mareada/continua de tres días. La experiencia consiste, básicamente, en tomar cervezas, brindar, tirarnos al mar y dar jugo, para en la noche, llegar a una isla llamada Murter, donde nos reunimos tooooodos los eslovenos y las dos chilenas en un comedor para alimentarnos y seguir tomando y cantando, para luego volver a Atos a dormir. Dato rosa? En Murter, este pequeño pedacito de tierra en medio de agua, hay plancton en el mar, y si nadas de noche, te envuelve su luz.

Día 1 y ya con ropa prestada.

Distintas técnica para un mismo arte: sostener la vela.

Fíjese que siempre la cervecita aparece colada.

Siesta-sailing 🤙

Qué les puedo decir, la regata la perdimos (es más, nos retiramos y desviamos para parar en un lugar a comprar copete), pero la experiencia de haber conocido a nuestra “Atos Family” y haber pasado 3 días en este paréntesis de agüita helada y muy azul, la repetiría una y cien veces más. Es raro porque no puedo recomendar este paseo, dado que, básicamente, me tocó de cueva, pero el consejo que sí puedo dar, es que cuando viajen, se atrevan a improvisar. En los viajes aparece un nuevo tipo de confianza entre las personas, y eso hay que aprovecharlo, porque se dan estas experiencias con gente con la que probablemente nunca más hable, pero que en mis recuerdos se van a quedar para siempre. 

Nuestra casita, "Atos" ⛵

"Atos Family"

Pisando las tierras de Murter con un mareo de tierra que ni tecplico.

 

 

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