Llegamos a Ámsterdam un poco cansados. Por esas cosas inexplicables de la vida de los viajeros, la noche anterior habíamos dormido en nuestros sacos, directamente sobre un suelo de madera y con chalecos a modo de almohada. Nada digno para estar en las europas, lo sabemos.
Bajamos en la Estación Central de trenes y, con mochila al hombro, empezamos a caminar. No es fácil ser mochilero y acumulador a la vez, supongo que algunos conocerán ese sentimiento de amor/odio/malgenioinstantáneo que evoca la mochila cuando hay que cargarla. Bueno, así estábamos esa mañana y en este estado caminamos casi 2 horas hasta encontrar un hostal de precio pagable en una ciudad como esta en pleno agosto.

El privilegio de recibirnos lo tuvo el flamante y renombrado hostal “The Flying Pig” y no es que fuera una ganga, pero de lo más mochilero-amigable que encontramos a cambio de una muy buena ubicación (cruzando la calle ya estás en el Vondelpark, maravilla de parque) y unos camarotes de camas anchas, sábanas blancas radiantes y almohadas gorditas que nos sedujeron al instante. Ya con las camas sentimos que la paga era justa, no sabíamos ná que la real sorpresa nos la llevaríamos a la mañana siguiente al enfrentarnos al desayuno que merecíamos, un desayuno de campeones. Cafecito, tostadas, mini nutellas, huevos duros y un montón de provisiones que metimos a nuestras mochilas antes de salir a caminar (https://www.flyingpig.nl/uptown).

El Vondelpark es un oasis lleno de sorpresas (una garza, por ejemplo).

Es difícil recomendar qué hacer en esta ciudad, hay tantas opciones que creo que finalmente depende del gusto de cada uno. En mi opinión, creo que al explorar los rincones menos turísticos es donde realmente se encuentra la magia. Perderse pedaleando (si se atreve a sumergirse en esa jungla) bajo los efectos de galletas, brownies y/o cañitos de distintas variedades, fue más o menos lo nuestro. Nos subimos a las bicis, nos bajamos inmediatamente de ellas (sí, por miedo) y caminamos hasta un lugar donde hubiera menos gente. Ahí, volvimos a subirnos y empezó la búsqueda. Queríamos llegar al Westerpark, un parque que en el mapa se veía alejado del centro y al que según nosotros, nunca llegamos. A cambio, encontramos una comunidad de casas y gente muy aislada de toda la vorágine de una capital como esta, pero lo que no sabíamos, era que este lugar llamado “Tuinpark Nut & Genoegen”, estaba dentro del parque que buscábamos. Llegamos sin querer.

Tuinpark Nut & Genoegen.

Comenzando, eran casitas de un piso, así como de granja, cerquitas de madera, e incluso en algunas encontramos gallinas (repito, en Ámsterdam). El camino entre casa y casa era un sendero de tierra y obviamente, todo estaba rodeado de pequeños riachuelos, eran como los hijitos de los canales. Paseando por ahí, encontramos un banquito para sentarnos en “el lugar verde”, así le pusimos, y como su nombre lo dice, en “el lugar verde” todo era verde y yo juro que no fueron las drogas. Musgo verde en el suelo, musgo verde flotando en el pantano y sauces y árboles verdes que tapaban el cielo y el horizonte. Ahí, hicimos una pausa en el camino, sacamos unas cervezas, nos comimos los huevos duros que nos pelamos del desayuno y arreglamos el mundo por un rato.

(Sí, esta es la mejor cara que logré en el lugar verde.)

Vitrinas de AMS. Adivinen quién quería comprarse todo.

Creo que una ciudad como Ámsterdam hay que darse el tiempo de explorarla y de contemplarla también, porque pucha que es bonita, con sus canales, los puentes con flores, las calles de adoquines y las casitas hermosas que te invitan a dibujarlas y pintarlas. Sus parques, sus galletitas de barquillo con caramelo, sus tiendas y vitrinas bonitas, su idiosincrasia bicicletera y todo lo demás que se sabe de ella, hacen que este lugar tenga un ritmo especial que no vas a encontrar en otro sitio. 100% amada, 100% recomendada. Si vas a estar entre 4 y 5 días, recomiendo hacer el “Free Walking Tour” que te va a mostrar una pincelada general de la ciudad, y a partir de eso decides qué es lo que más te gustaría hacer con el resto de los días. Vaya abrigadito y con mucho bajón galletero, no se va a arrepentir!

🖤 Amsterdam.

02 junio, 2019 — Claudia Aspée

Comentarios

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